Una ola de frío reciente llevó las temperaturas en el sur de Florida a cerca de 4 °C, provocando un fenómeno que ya forma parte del paisaje local: iguanas verdes cayendo de los árboles. En este contexto apareció Andrew Morales, un joven cubano conocido como el “Tarzán cubano”, quien protagonizó una escena viral al atrapar en el aire a una de estas iguanas durante una transmisión televisiva. Más allá del espectáculo, su historia es un reflejo de cómo la comunidad latina está transformando problemas ecológicos en soluciones económicas sostenibles.
Florida considera a la iguana verde una especie invasora debido a los daños que causa en jardines, edificios y estructuras públicas. Su proliferación ha generado una microindustria de control, limpieza y captura que crece cada invierno. Morales, rescatista y creador de contenido, no solo atrapa iguanas: educa sobre su comportamiento y visibiliza prácticas responsables de intervención.
Tarzán cubano: origen del apodo y conexión con la fauna
Durante una entrevista con Enrique Santos, Morales explicó que su apodo nace de su infancia en Cuba, cuando recolectaba serpientes, grillos y ranas en su vecindario. Esa conexión temprana con la fauna lo preparó para enfrentar con agilidad y precisión el trabajo que hoy realiza en Florida, incluso ante cámaras.
En paralelo, comunidades latinas han encontrado en este fenómeno una alternativa laboral, ofreciendo servicios a complejos residenciales o propiedades privadas que buscan frenar los daños causados por estos reptiles. La combinación de conocimiento cultural, cercanía con la naturaleza y necesidades locales ha impulsado el surgimiento de nuevos emprendimientos ecológicos.
Según cifras divulgadas por la Florida Fish and Wildlife Conservation Commission en septiembre de 2025, se han emitido más de 8,500 permisos de control para iguanas solo en el condado de Miami-Dade, lo que refleja el alcance económico de esta actividad.
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