Una enfermedad prevenible no debería cobrar tantas vidas. Sin embargo, el cáncer cervicouterino sigue siendo la segunda causa de muerte por tumores malignos en mujeres mexicanas. En pleno 2026, los expertos advierten que la falta de prevención, diagnósticos tardíos y brechas sociales siguen siendo barreras que impiden salvar miles de vidas cada año.
El país enfrenta un panorama alarmante: tan solo en 2023 se registraron 4,401 muertes por esta causa, y más de 7,800 nuevos casos. Lo más preocupante es que esta enfermedad es altamente prevenible con la vacuna contra el VPH y exámenes como el Papanicolaou y pruebas moleculares. Pero los datos reflejan otra realidad: solo el 60% de las mujeres entre 25 y 64 años acceden regularmente a estos controles.
Desigualdad y falta de acceso, las grandes barreras
El cáncer cervicouterino no solo revela una emergencia médica, también expone desigualdades estructurales. Las entidades con menor cobertura médica, como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, presentan las tasas más altas de mortalidad. Del mismo modo, la falta de campañas sostenidas de vacunación ha limitado el alcance de una medida que puede reducir hasta en un 90% el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer.
Las soluciones existen, pero requieren voluntad política, inversión sostenida y educación comunitaria. Promover el autocuidado no es una moda, es una urgencia. Especialistas del Instituto Nacional de Salud Pública insisten en que fortalecer la estrategia nacional de prevención podría reducir la mortalidad en menos de una década.
Una señal de alerta se encendió en agosto de 2025, cuando la Organización Panamericana de la Salud reportó que solo el 27% de las niñas mexicanas de 9 a 14 años contaban con el esquema completo de vacunación contra el VPH.
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