Cada febrero, un espectáculo silencioso y asombroso toma forma en los cielos de Miami. No se trata de aves migratorias ni de un evento cultural masivo, sino del paso de más de 500 millones de flores que aterrizan en la ciudad desde países latinoamericanos como Colombia y Ecuador, con un destino claro: los corazones que celebran San Valentín en Estados Unidos. Este movimiento, tan poético como estratégico, convierte a Miami en el mayor punto de entrada de flores del país, consolidando su papel clave en el comercio internacional.
El Aeropuerto Internacional de Miami (MIA) es el protagonista de esta operación logística de precisión. En tan solo tres semanas, el volumen de flores importadas puede alcanzar las 42 mil toneladas, según cifras recientes de la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. No es coincidencia que la mayoría de estas flores provengan de naciones hispanohablantes. Colombia, por ejemplo, exporta más del 70% de sus flores a Estados Unidos, y su industria genera más de 200 mil empleos directos e indirectos. La ruta aérea hacia Miami es la arteria principal de esta economía floreciente.
Miami: corazón logístico del negocio de flores
Además de simbolizar amor, estas flores son emblemas de cooperación comercial y de innovación logística. En MIA, cada tallo es inspeccionado en cámaras refrigeradas con tecnología de punta, para garantizar que llegue fresco al consumidor. Este proceso no solo refleja eficiencia, sino también una cultura binacional profundamente integrada entre América Latina y el sur de Florida.
Por otro lado, la cadena de valor involucra a miles de pequeños y medianos emprendedores en ambos extremos del hemisferio, desde cultivadores rurales hasta floristas locales que transforman estos cargamentos en arte y sustento. El comercio de flores en temporada alta deja cerca de 70 millones de dólares semanales, según datos de 2025 del Departamento de Agricultura de EE. UU.
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