Cada junio, miles de personas participan en marchas para visibilizar las demandas de la comunidad LGBTI, exigir el reconocimiento de sus derechos y recordar a quienes han enfrentado violencia y discriminación. Más allá de la celebración, activistas de distintos países de América Latina destacan que estas movilizaciones siguen siendo una herramienta de protesta y de construcción de espacios seguros.
El Día del Orgullo mantiene vigentes las demandas por igualdad
Desde Caracas, Cusco, Santo Domingo y Asunción, activistas coinciden en que las marchas representan una oportunidad para hacer visibles problemáticas que continúan afectando a las personas LGBTI. Entre ellas destacan la falta de reconocimiento legal, la violencia, la discriminación y las barreras para acceder a derechos fundamentales.
Lenin, activista venezolano, recuerda que asistir por primera vez a una marcha transformó su vida. Explica que ese espacio le permitió sentirse acompañado después de enfrentar episodios de rechazo y bullying, además de acercarlo al activismo por los derechos de la diversidad sexual.
En Perú, Mathías, integrante de la organización Fraternidad Trans Divergente, considera que las movilizaciones permiten mostrar que la comunidad sigue presente y organizada. En ese país, las personas trans aún enfrentan obstáculos legales para el reconocimiento de su identidad, situación que también limita sus oportunidades laborales.
La marcha también visibiliza desafíos distintos dentro de la comunidad
Los testimonios muestran que las experiencias cambian según el contexto social, económico y cultural de cada persona. Mujeres lesbianas, personas trans, afrodescendientes y habitantes de regiones alejadas enfrentan formas particulares de discriminación que también forman parte de las demandas del movimiento.
Rosanna, activista de República Dominicana, señala que vivir como mujer lesbiana y afrodescendiente implica enfrentar múltiples formas de violencia y exclusión. Por su parte, Alejandra, activista trans de Paraguay, explica que participar en la marcha significó perder el miedo y encontrar una red de apoyo después de años de sentirse aislada.
Ambas coinciden en que la protesta continúa siendo necesaria para impulsar cambios legales y sociales que permitan garantizar derechos como el acceso a la educación, al empleo, a la vivienda y al reconocimiento de la identidad de género.
Las organizaciones consultadas sostienen que las marchas del orgullo mantienen un doble significado: celebrar la diversidad y, al mismo tiempo, recordar que aún existen retos importantes para lograr una igualdad plena en varios países de América Latina. También consideran que la participación de personas aliadas fortalece la visibilidad de estas causas y contribuye a ampliar el diálogo sobre derechos humanos e inclusión.