Una escena cada vez más frecuente volvió a repetirse el miércoles 11 de febrero: un avión despegó de Miami con 120 ciudadanos venezolanos a bordo, rumbo a Caracas, como parte del programa Vuelta a la Patria. Esta iniciativa del gobierno venezolano, en conjunto con autoridades estadounidenses, ha devuelto a más de 20 mil personas desde su implementación, en un proceso que no se ha detenido ni siquiera ante los roces diplomáticos recientes.
A su llegada, todos recibieron atención médica, un paso esencial en la reintegración. Este vuelo representa la operación número 110 desde que se firmó el acuerdo migratorio entre ambos gobiernos, a finales de enero de 2025. El acuerdo ha resistido incluso las tensiones derivadas del despliegue militar estadounidense en el mar Caribe.
Repatriación como puente humanitario y diplomático
El programa, que promueve el retorno voluntario, no solo responde a razones humanitarias. También se ha convertido en un instrumento clave para el diálogo entre Venezuela y Estados Unidos. A través de estos vuelos, gestionados incluso desde ciudades como Phoenix, se ha logrado establecer canales de cooperación que favorecen tanto a los migrantes como a las relaciones bilaterales.
Este esfuerzo se conecta con la realidad de miles de venezolanos que, tras enfrentar dificultades en otros países, optan por regresar. En Miami, donde la comunidad hispana impulsa sectores como la tecnología, el arte y los negocios, estas historias también alimentan el debate sobre movilidad, identidad y oportunidad.
Solo en el último mes, más de 300 personas han solicitado su retorno a Venezuela mediante este programa, una cifra que sigue en aumento y que revela la dimensión humana de este puente aéreo.