Los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio no solo dejaron miles de víctimas y una profunda crisis humanitaria. También impactaron uno de los proyectos deportivos más importantes del país: los Criollitos de Venezuela, organización dedicada a la formación de niños y jóvenes beisbolistas.
La tragedia afectó especialmente al estado de La Guaira, cuna de numerosos peloteros profesionales y hogar de decenas de escuelas de béisbol infantil. Directivos de la institución aseguran que decenas de sus jugadores fallecieron, permanecen desaparecidos o resultaron heridos tras el colapso de viviendas y edificios provocado por los sismos.
Venezuela enfrenta un duro golpe para el béisbol infantil
Fundados en 1962, los Criollitos de Venezuela nacieron con el objetivo de formar niños a través del deporte. Aunque de sus campos surgieron figuras como Andrés Galarraga, Omar Vizquel, Bob Abreu, Johan Santana y el actual manager Omar López, sus dirigentes insisten en que la prioridad siempre ha sido formar ciudadanos antes que deportistas profesionales.
Antes de la pandemia y de la migración masiva, la organización llegó a reunir cerca de 100 mil niños. Actualmente mantiene alrededor de 40 mil participantes distribuidos en más de 600 ligas y escuelas presentes en los 24 estados del país.
Sin embargo, la realidad cambió de forma dramática después del terremoto.
Jhorny Sojo, presidente de los Criollitos en La Guaira, explicó que la organización todavía no logra elaborar un censo definitivo debido a que muchas familias permanecen desplazadas, otras perdieron toda forma de comunicación y numerosas personas continúan en estado de shock.
Los reportes preliminares indican que los menores de las categorías más pequeñas fueron quienes sufrieron el mayor impacto.
El béisbol intenta mantener viva la esperanza
Además de perder jugadores, la organización también lamentó la muerte de entrenadores, dirigentes y voluntarios. Muchos campos deportivos ahora funcionan como refugios temporales para familias que perdieron sus viviendas.
Sojo relató que él mismo logró escapar con vida del edificio donde habitaba, el cual sufrió severos daños estructurales durante los terremotos. Tras salir, encontró una ciudad completamente devastada.
Mientras tanto, la presidenta nacional de la organización, Delida Yépez, afirmó que reconstruir el programa será uno de los mayores desafíos que han enfrentado en más de seis décadas de historia.
Los dirigentes también expresaron preocupación porque muchas familias podrían abandonar definitivamente La Guaira, lo que reduciría la participación de nuevos jugadores y dificultaría la recuperación del béisbol infantil en la región.
Pese al dolor, las imágenes en algunos refugios muestran a niños lanzando una pelota entre colchonetas y tiendas de campaña improvisadas. Para quienes integran los Criollitos, ese gesto representa la mejor prueba de que el deporte todavía ofrece esperanza incluso en medio de una de las peores tragedias recientes que ha vivido Venezuela.