La inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina dejó una escena incómoda para la representación política de Estados Unidos. Aunque la delegación deportiva recibió aplausos al ingresar al estadio San Siro, el ambiente cambió cuando las pantallas enfocaron al vicepresidente JD Vance y a su esposa, Usha Vance, desde las gradas.
Encabezado por la patinadora de velocidad Erin Jackson, el equipo estadounidense fue uno de los últimos en desfilar. El público celebró el paso de los atletas, pero reaccionó con abucheos y silbidos al aparecer Vance saludando mientras ondeaba banderas, un contraste que marcó uno de los momentos más tensos de la ceremonia.
Tensiones políticas se reflejan en los Juegos Olímpicos
La reacción del público evidenció el desgaste de la imagen de Estados Unidos entre algunos de sus aliados. En los últimos meses, la administración del presidente Donald Trump ha adoptado una política exterior más agresiva, una postura que ha generado fricciones diplomáticas y críticas en distintos foros internacionales.
Medidas como la imposición de aranceles punitivos, la intervención militar en Venezuela y las amenazas relacionadas con Groenlandia han contribuido a un clima de descontento que trascendió el ámbito político y se hizo visible durante la ceremonia de los Juegos Olímpicos de Invierno.
Una inauguración marcada por el contexto internacional
Los abucheos no se limitaron a la representación estadounidense. La entrada de la delegación de Israel también provocó reacciones negativas entre parte del público, reforzando la percepción de que el contexto geopolítico influyó en el desarrollo del evento inaugural.
Además del acto principal en Milán, los desfiles de atletas se realizaron de forma simultánea en Cortina d’Ampezzo, Livigno y Predazzo. Las competencias se distribuyen en una amplia región del norte de Italia, lo que convierte a esta edición en la más dispersa geográficamente en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno.