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Las Palmas baja la cortina tras décadas en el centro de Miami

Las Palmas bajó la cortina después de casi 45 años como uno de los restaurantes cubanos más reconocibles del centro de Miami. El local, famoso por su arroz con frijoles y su cafecito de pie, no resistió la combinación de inflación, caída del turismo y cambios económicos que golpearon con fuerza a los pequeños negocios desde 2025.

Mario Magalhaes, de 31 años, heredó Las Palmas de su padre hace nueve años. El restaurante cerró definitivamente el 13 de noviembre, una fecha que coincidió con el cumpleaños de su padre, fallecido por cáncer. Para Magalhaes, el cierre tuvo un peso emocional y simbólico difícil de asimilar.

Inflación y costos asfixian a Las Palmas

Las Palmas enfrentó un aumento sostenido en los costos de insumos básicos. Huevos, café y carne alcanzaron precios históricos, mientras los ingresos del restaurante no crecieron al mismo ritmo.

Magalhaes explicó que una caja de 180 huevos llegó a costar más de 130 dólares, cuando antes de la pandemia rondaba los 20. A pesar de ello, decidió no trasladar todos los aumentos a los clientes. El cafecito, parte esencial de la cultura de Miami, mantuvo su precio como un gesto de identidad y resistencia cultural.

La Asociación Nacional de Restaurantes estima que los costos de comida y mano de obra en Miami han aumentado alrededor de 35 % en los últimos cinco años, reduciendo márgenes ya de por sí estrechos para la industria.

El restaurante también sufrió la caída del turismo internacional, clave para su ubicación cercana al puerto de cruceros. Magalhaes señaló que muchos visitantes de América Latina y Europa dejaron de acudir por miedo a detenciones migratorias, en medio del endurecimiento de políticas federales.

Menos turistas y más temor entre los clientes

Diversos estudios reflejan este clima de incertidumbre. Más de la mitad de los latinos en Estados Unidos teme que ellos o alguien cercano pueda enfrentar deportación, incluso con estatus legal, lo que impacta directamente en el consumo y la vida comunitaria.

Antes de cerrar, Las Palmas intentó reinventarse. El local organizó noches de comedia, karaoke y eventos musicales, además de colaborar con artistas y productores locales. Pese a estos esfuerzos, la presión económica volvió insostenible la operación.

Para Magalhaes, Las Palmas fue siempre más que un restaurante. Funcionó como un punto de encuentro donde convivían oficinistas, obreros, turistas y empresarios, reflejando la diversidad cotidiana de Miami. Hoy, el cierre deja un vacío cultural difícil de llenar en el centro de la ciudad.

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EditorSJ

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