Los manglares no solo protegen la biodiversidad; también son pieza clave en la lucha contra el cambio climático. México lo sabe bien. Con más de 905 mil hectáreas de estos ecosistemas, el país ocupa el cuarto lugar mundial en superficie de manglares, solo por debajo de Indonesia, Australia y Brasil. Esta extensión representa el seis por ciento del total global, según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).
Este avance ha sido posible gracias al Sistema de Monitoreo de los Manglares de México, una herramienta implementada desde hace dos décadas. A través de imágenes satelitales y estudios de campo, este sistema permite detectar amenazas, calcular el carbono capturado y analizar la respuesta de los manglares ante huracanes o especies invasoras. Recientemente, el proyecto integró inteligencia artificial para sumar análisis desde una perspectiva de variabilidad climática.
Manglares y economía verde: una oportunidad con raíces profundas
Estos ecosistemas se distribuyen en los 17 estados con litoral. Quintana Roo encabeza la lista con más de 247 mil hectáreas, mientras que Baja California tiene la menor superficie, con solo 42 hectáreas. Conabio ha delimitado cinco regiones estratégicas: Pacífico norte, centro y sur; Golfo de México y Península de Yucatán, esta última con la mayor concentración nacional.
Los manglares también se han convertido en escudo natural ante desastres, hogar de aves y peces, y fuente de ingresos para las comunidades que promueven la pesca sustentable y el ecoturismo. Este tipo de desarrollo verde empieza a inspirar modelos replicables en otras regiones de América Latina y el Caribe.
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