La ceremonia de los premios Grammy volvió a colocarse en el centro de la confrontación política en Estados Unidos tras una reacción directa del expresidente Donald Trump. La polémica surgió luego de que Trevor Noah, presentador de la gala, hiciera una broma que aludió a Trump y a la isla vinculada con Jeffrey Epstein.
Trump utilizó su red Truth Social para descalificar la premiación y acusar a Noah de difundir información falsa. En su mensaje, negó haber estado en la isla de Epstein y afirmó que enviará a sus abogados para emprender acciones legales contra el comediante, a quien calificó con términos despectivos.
Además, Trump rechazó cualquier asociación con Epstein y sostuvo que, a diferencia de otras figuras públicas, él rechazó una invitación para visitar la isla privada del financiero. El expresidente reiteró que nunca tuvo relación directa con ese lugar y deslindó responsabilidades personales del caso.
Trevor Noah queda en el centro de la disputa política
La broma de Trevor Noah se produjo durante la entrega del Grammy a canción del año, cuando comparó el interés de Trump por Groenlandia con la desaparición de la isla de Epstein. El comentario generó reacciones inmediatas en redes sociales y reavivó la tensión entre el exmandatario y figuras del entretenimiento.
Asimismo, el contexto amplificó la controversia tras la reciente publicación de millones de páginas de archivos judiciales relacionados con Epstein por parte del Departamento de Justicia. Estos documentos incluyen referencias a múltiples figuras políticas y empresariales, aunque tanto Trump como Bill Clinton han negado irregularidades.
Por otro lado, Trump también comparó a Noah con otros comediantes críticos de su figura y volvió a cuestionar a Hollywood por utilizar ceremonias de premiación como plataformas políticas. La gala del domingo incluyó mensajes a favor de los derechos de los inmigrantes, con artistas que expresaron su rechazo a ICE desde el escenario.
En consecuencia, los Grammy consolidaron su papel como un espacio donde el entretenimiento y el debate público convergen. Datos de audiencia muestran que la ceremonia mantiene millones de espectadores en Estados Unidos, pese a las críticas constantes desde sectores políticos.