La política migratoria de Estados Unidos ha cambiado de forma drástica para los cubanos, un grupo que durante décadas recibió un trato diferenciado. En Florida, ese giro ya tiene consecuencias humanas, familiares y comunitarias visibles.
En abril, Heidy Sánchez acudió a una cita rutinaria con ICE en Tampa junto a su hija de 17 meses. Durante el encuentro, los agentes le informaron que quedaría detenida y que su esposo debía recoger a la menor. Dos días después, las autoridades deportaron a Sánchez a Cuba, separándola de su familia.
Casos como el suyo se multiplicaron desde el regreso de Donald Trump a la presidencia. En 2025, el gobierno cubano reportó más de 1,600 cubanos repatriados, casi el doble que el año anterior. La cifra supera el total de deportaciones realizadas durante las administraciones previas combinadas.
Cubanos pierden protecciones históricas en Florida
Durante décadas, Florida funcionó como refugio para los exiliados cubanos. Hoy, familias que se sentían protegidas enfrentan detenciones, procesos acelerados y vuelos de deportación regulares.
Las autoridades reactivaron expulsiones aéreas a Cuba y ampliaron detenciones en centros del sur de Florida, incluidos complejos conocidos informalmente como el “Alcatraz de los caimanes”. Al mismo tiempo, el gobierno suspendió programas de reunificación familiar y congeló solicitudes de asilo, residencia y naturalización.
Expertos describen este escenario como el retroceso más severo para la migración cubana desde la Guerra Fría. Aunque una parte del electorado cubanoestadounidense continúa apoyando a Trump, académicos y líderes comunitarios detectan un creciente malestar.
El temor se instala entre familias y trabajadores
En ciudades como Hialeah, muchos cubanos evitan salir, conducir o acudir a lugares públicos por miedo a operativos migratorios. Personas con permisos de trabajo y procesos legales en curso ahora enfrentan una incertidumbre constante.
Heidy Sánchez permanece en La Habana mientras espera una entrevista consular que podría permitir su regreso. Su hija, en Florida, sufrió cambios emocionales notorios tras la separación.
Para muchas familias cubanas, la nueva política migratoria no solo redefine su estatus legal. También redefine su sentido de pertenencia y seguridad en Estados Unidos.