Desde el aire, el oeste de Miami-Dade parece guardar una colección de lagunas caribeñas. Sus aguas turquesa contrastan con los Everglades y las zonas urbanas, pero detrás del paisaje existe una historia vinculada con la geología y la construcción de Florida.
La mayoría de estos cuerpos de agua no se formó naturalmente. Son antiguas canteras excavadas para extraer piedra caliza, un material utilizado en carreteras, puentes, viviendas y otras obras que acompañaron el crecimiento del sur de Florida.
Los lagos turquesa de Miami-Dade nacieron bajo tierra
La región conocida como Lake Belt se extiende por el noroeste del condado. Allí, la minería comenzó durante la década de 1950 para aprovechar depósitos de piedra caliza de alta calidad.
Como el agua subterránea está muy cerca de la superficie, las excavaciones se llenaron durante la extracción. Así aparecieron lagos rectangulares con profundidades aproximadas de 30 a 50 pies; El color turquesa surge cuando la luz entra en el agua e interactúa con el fondo claro de piedra caliza y sus partículas minerales. La profundidad, el cielo y las condiciones del agua también modifican la tonalidad.
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Un paisaje conectado con el desarrollo de Miami
La piedra caliza local comenzó a formarse hace unos 130,000 años, cuando mares cálidos y poco profundos cubrían parte de Florida. Granos de arena y conchas acumularon carbonato de calcio hasta convertirse en roca.
Además, la región ha suministrado una parte importante del agregado utilizado en la infraestructura estatal. Algunas zonas mineras también funcionan como espacios de almacenamiento de agua relacionados con proyectos de restauración ambiental; Estos lagos cubren aproximadamente 4,900 acres dentro del Lake Belt. Su extensión revela cómo una actividad industrial puede transformar el territorio y crear uno de los paisajes más sorprendentes de Miami-Dade.