La llegada masiva de sargazo representa un desafío ambiental y económico creciente para Florida. Frente al modelo tradicional de recolectar, transportar y desechar la biomasa, Miami-Dade desarrolla una estrategia orientada a transformarla en materia prima aprovechable.
El sistema busca reducir los efectos derivados de su descomposición al aire libre, como malos olores, gases y lixiviados. Además, plantea integrar recolección, tratamiento, transformación y comercialización dentro de un esquema de economía circular.
Sargazo entra en un nuevo modelo de economía circular
La iniciativa reúne gobiernos locales, empresas, universidades, laboratorios, productores de energía y operadores especializados. Beach Baker LLC participa con infraestructura, logística y experiencia operativa, mientras Biosarga Tech LLC aporta tecnología para convertir la biomasa en productos comercializables.
El modelo incorpora estudios sobre composición, crecimiento, trayectorias y posibles contaminantes. También contempla drones de monitoreo, barcazas y plataformas flotantes para evaluar alternativas de tratamiento y remediación antes de que las acumulaciones alcancen las playas.
Además, los estudios permiten establecer protocolos de trazabilidad, analizar costos y detectar mercados potenciales. La protección de ecosistemas y especies marinas figura entre los criterios centrales del programa.
Florida enfrenta elevados costos por las acumulaciones
La crisis genera fuertes costos para gobiernos y empresas. La nota de referencia estima un impacto económico anual de 6,700 millones de dólares en Florida, además de gastos directos destinados a limpiar las costas. Cada condado afectado del sur del estado puede gastar entre 35 y 45 millones anuales en retiro y traslado.
La transformación abre diferentes posibilidades comerciales. Fertilizantes, carbón, celulosa, combustibles, concreto, filtros de agua, fibras, muebles, biodiésel y materiales urbanos aparecen entre las aplicaciones estudiadas.
Miami-Dade apuesta así por tratar las acumulaciones como un fenómeno recurrente que exige planificación permanente, cooperación y tecnología. El modelo también plantea oportunidades que podrían aprovechar México, el Caribe y América Latina frente al crecimiento de este problema.