Miami volvió a demostrar su importancia como punto de llegada para la comunidad cubana durante la gran ola migratoria posterior a la pandemia. Casi uno de cada tres cubanos que arribaron a Estados Unidos durante ese periodo terminó estableciéndose en el área metropolitana, mientras aproximadamente la mitad eligió Florida.
Un estudio presentado por Brookings Papers on Economic Activity analizó los destinos elegidos por los nuevos migrantes. Los investigadores encontraron que, para los cubanos, tener familiares, amigos y una comunidad previamente establecida resultó especialmente importante al momento de decidir dónde comenzar una nueva vida.
La comunidad cubana fortaleció el atractivo de Miami
Las redes migratorias pueden facilitar algunos de los primeros desafíos que enfrenta una persona recién llegada. Encontrar alojamiento, conocer oportunidades de empleo, entender trámites y recibir orientación resulta más sencillo cuando existen familiares o personas de la misma comunidad dispuestas a ayudar.
Esta realidad permitió que Miami continuara atrayendo población cubana incluso frente a otras ciudades con costos de vivienda más bajos. La comunidad formada durante décadas se convirtió así en una ventaja que va más allá de las condiciones laborales o económicas de la región.
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La migración también dejó una huella económica
El estudio analizó 164 áreas metropolitanas y encontró que Nueva York recibió el mayor volumen total de casos vinculados con la reciente ola migratoria. Miami ocupó el segundo lugar, seguida por Los Ángeles, Dallas-Fort Worth, Chicago y Houston.
Cuando los investigadores ajustaron los datos por población, Miami quedó en primer lugar. La ciudad registró más de 48 expedientes en tribunales migratorios por cada mil habitantes. Este indicador incluye distintas nacionalidades y funciona como una aproximación al asentamiento, por lo que no representa un conteo exacto de migrantes cubanos.
La investigación también encontró efectos económicos generales en las ciudades que recibieron migrantes. En promedio, el producto interno bruto metropolitano aumentó alrededor de 1.5 porcentaje, mientras los alquileres subieron entre 1.4 y 1.6 porcentaje.