Surf City se convirtió en una de las principales apuestas turísticas del Gobierno de Nayib Bukele para posicionar a El Salvador como destino internacional. El proyecto aprovecha las condiciones de la costa del Pacífico para atraer surfistas, competencias internacionales e inversiones.
El crecimiento ocurre en medio de una transformación del país marcada por la reducción de la violencia durante el régimen de excepción. Sin embargo, organizaciones han cuestionado las detenciones masivas, la suspensión de garantías y el impacto del desarrollo turístico sobre comunidades expuestas a desplazamientos.
Surf City atrae competencias y visitantes internacionales
La ministra de Turismo, Morena Valdez, considera que el surf funciona como motor económico, social y cultural. La funcionaria relaciona el crecimiento del sector con una mayor percepción de seguridad, que facilita la llegada de atletas acompañados por sus familias.
El país recibió el Surf City El Salvador ISA World Junior Surfing Championship 2026, con 428 atletas procedentes de 56 países. Valdez destacó además siete años de colaboración con la Asociación Internacional de Surf.
Alejo Campos, director del proyecto, aseguró que las delegaciones internacionales reconocen avances en infraestructura. El programa también incorpora actividades como yoga, pilates, ajedrez, esgrima y talleres de fotografía.
Turismo crece mientras avanzan las inversiones
El proyecto no se limita a las playas. Su estrategia busca conectar la costa con comunidades rurales, montañas, gastronomía, artesanías y otros espacios naturales para diversificar las experiencias de los visitantes.
Hasta agosto de 2026, El Salvador recibió 3.2 millones de visitantes internacionales, 22% más que durante el mismo periodo de 2025. El turismo generó más de 2,800 millones de dólares en divisas, un incremento anual del 12%.
El Gobierno proyecta cerrar el año con 4.2 millones de visitantes y superar los 3,100 millones de dólares en ingresos. Durante el campeonato junior, la ocupación hotelera alcanzó el 100%.
Guatemala, Estados Unidos y Honduras figuran entre los principales mercados emisores. El crecimiento también beneficia a restaurantes, transporte y guías turísticos, aunque el auge inmobiliario plantea el reto de evitar que el desarrollo termine desplazando a comunidades locales.