Cuba enfrenta nuevas acusaciones de Estados Unidos por espionaje, extremismo político y amenazas a la seguridad nacional.
Washington acusa a Cuba de impulsar redes radicales

Washington acusa a Cuba de impulsar redes radicales

El gobierno de Donald Trump presentó a Cuba como una de las principales amenazas para la seguridad nacional de Estados Unidos en un informe de 100 páginas publicado por el Departamento de Estado el pasado 20 de julio.

El documento, titulado Cuba, la capital del comunismo del siglo XXI, sostiene que la isla ha promovido durante décadas movimientos revolucionarios, redes de espionaje y corrientes radicales de izquierda dentro y fuera de Estados Unidos.

Marco Rubio, secretario de Estado e hijo de padres cubanos, afirmó que numerosos grupos violentos y radicales del hemisferio occidental recibieron en algún momento respaldo cubano. También describió a la isla como un Estado fallido situado a solo 90 millas de las costas estadounidenses.

Cuba responde a las acusaciones de Washington

El presidente Miguel Díaz-Canel calificó el informe como un “mediocre panfleto propagandístico” y acusó a Estados Unidos de haber espiado y atacado a la isla durante décadas.

El documento estadounidense vincula a la Revolución de 1959 con movimientos insurgentes de América Latina y África, así como con organizaciones de izquierda en territorio estadounidense. También menciona la Conferencia Tricontinental de 1966 y los vínculos de La Habana con grupos radicales de la época.

Michael Bustamante, profesor de Historia y director del programa de Estudios Cubanos y Cubanoestadounidenses de la Universidad de Miami, reconoce la influencia internacional que tuvo la isla, pero cuestiona que esa trayectoria represente hoy una amenaza existencial.

El académico también considera que el informe simplifica procesos políticos complejos al presentar a La Habana como el centro coordinador de movimientos que mantenían autonomía propia.

El espionaje y la izquierda estadounidense

El Departamento de Estado destaca los casos de Víctor Manuel Rocha y Ana Belén Montes, quienes admitieron haber trabajado para la inteligencia cubana mientras ocupaban cargos relevantes en Estados Unidos.

El informe también relaciona la influencia cubana con las protestas posteriores a la muerte de George Floyd, el auge de Antifa y el activismo propalestino en universidades. Además, señala a figuras como el comentarista Hasan Piker por participar en viajes a la isla.

Bustamante advierte que el documento mezcla activismo político, propaganda y espionaje, conceptos que no representan lo mismo.

El informe aparece mientras Cuba atraviesa una profunda crisis energética, marcada por apagones prolongados, escasez de combustible y el colapso reiterado de su sistema eléctrico.

Para Bustamante, el gobierno de Trump podría utilizar esta narrativa como herramienta electoral antes de los comicios de medio término o incluso para justificar medidas más agresivas contra la isla.

El Departamento de Estado sostiene que busca revelar una historia poco contada sobre los vínculos de La Habana con el extremismo de izquierda. Díaz-Canel, en cambio, afirma que su gobierno solo ha defendido al país frente a las agresiones estadounidenses.

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